Había una vez una historia
de una niña
que tenía la cabeza bajo los pies.
Que pisaba el cielo
porque le parecía
demasiado
simple
suave
común.
Que amaba los suelos
erosionados
agrietados
rotos
porque estaban como su alma.
Y que su cuerpo ondeaba
con cada
paso
en una espiral de incertidumbre.
Todos se fijaban
en que esta niña
caminaba del
revés.
Y la tachaban de loca.
Pero los locos eran aquellos
que se daban cuenta
e intentaban imitar
sus posiciones.
Sus pasos frágiles
su risa ilusa
su inconsciencia
su manera impulsiva de actuar.
Y pocos se daban cuenta
de que si caminaba del revés
era por que se cansó
de mirar el cielo
y ver estrellas
que hacían promesas
que no se podían cumplir.
Que sin embargo podía
seguir
los surcos del suelo
con la punta de los dedos
y ensuciarse las manos
de vivencias
y
pisadas.
"Pobre niña"
decían todos
los que se paraban
a observar
ese desastre.
"Pobres locos"
decía ella
cuando veía
a los
ingenuos
que la miraban.
Y se compadecía
porque ellos miraban al cielo
esperando que algo bajase de ahí arriba
sin saber
que lo mejor
podía crecer
sobre sus
huellas.
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