También podría llamarlo "El vals del calentamiento global", porque en mi planeta también se ha derretido el hielo.
Tal vez pudiese ponerle "Vals a un universo lejano", porque tengo mil constelaciones que visitar a cuatrocientos y pico kilómetros de aquí.
El caso es que esto es un vals. Porque es lento, y agónico. Y porque estoy bailando al ritmo de otros pasos que ya no son los tuyos. Y porque no son de nadie, o tal vez sean de él y yo no lo sepa, y tú no lo sabes, y no querrás saberlo. Porque me he tropezado con algo más grande que ese iceberg contra el que me choqué de frente y sin previo aviso. Pero mil veces más grande. Y siempre estuvo sin estar aquí. Y mi mente y mis sentidos están a cinco horas y veinticuatro minutos de este abismo.
Pero por desgracia mi cuerpo sigue aquí. Y él no ha estado nunca aquí. Y tú te has ido. O yo te he echado. Pero ya no hay rastro de tu tacto. Ya no hay rastro de tu aliento. Ya no hay rastro de mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario