Suena un chasquido en mi pecho
se congelan las paredes
y el miedo hace su entrada, por la puerta
tan elegante como siempre.
Abatida y confundida lo abrazo
mientras su traje negro se transforma en mi sombra
"¿qué tanto disfrutaste de mi ausencia?", me pregunta.
"Un poco más cada hora".
Cuando las lágrimas cesan veo la luz
reflejada en los cristales de este hielo
y lo veo tan lujoso y apacible..
Y suspiro, con anhelo.
A veces bañarte en oro
no te hace ser estatua
como mil veces hubo sed
que no se quitó con el agua.
Y enredado entre mis dedos el cordel
y acariciándolo tendida en el suelo
las lágrimas brotan de él
y apagan el último fuego.