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"The best things in life, come with a price."

domingo, 26 de julio de 2015

En contra de la ley de la suma.

Hay te quieros que no vienen a cuento
y cuentos que vienen sin querer.

Hay personas que están para quedarse
y otras que se quedan sin estar.

Hay cogorzas delirantes nocturnas,
estómagos pidiendo por un poco de alcohol.

Hay noches amargas frías,
y cuerpos agotando su pasión.

Hay quien es capaz de tocarte el alma
y almas que te tocan.

Flores de jardín
jardines de flores.

Amores que pinchan
los que pinchan amores.

Relatos que emocionan
el que emociona los relatos.

Hay versos que no riman
y aquellos que no riman con los versos.

Hay, hay..
Hay, hay..
Y por haber, sigue habiendo.

sábado, 25 de julio de 2015

Los pájaros no mean.

Es precioso ver cómo te arropas con las plumas. Cómo te vistes con ellas y la gracia que tienen cuando cubren esa piel.. qué piel.

Supongo que es por que eres como un pájaro, que danzas como ese "Colibrí" que nunca he empezado.

Que mira, que las cosas no van tan bien en el valle de las flores. Que ahora se está quedando mustio porque no haces presencia en él.

Preferiría que lo mearas si así fuese a volver a la vida.



Lástima que nunca hayamos visto un pájaro mear.

martes, 7 de julio de 2015

Era como una flor. Enterrada, pero viva.

"¿Qué piensas?", le decía, mirando cómo posaba su vista en la nada que la noche le ofrecía.
"En que no puedo dejar de pensar" contestó, y un amargo suspiro se le cayó al vacío.
Las horas pasaban, y ese rostro seguía atormentándole la mente. Era su peor pesadilla. Masoca, no podía dejar de observarlo. Pasaba tanto miedo si lo veía como si no estaba. Si dormía, lo soñaba. Si estaba despierta, lo buscaba. Así era su tormento. Algo constante que gemía de dolor en su mente. 
Sin embargo, tampoco es que se esforzase en que ese ruido cesase. No tenía ni la más mínima intención de hacerlo callar. Porque a veces, aún le acariciaba ese sonido. A veces aún le servía para dormir en las noches tan amargas que el verano guardaba para ella. A veces le parecía oír su respiración, y se abrazaba a la almohada esperando escucharlo más de cerca, palpar sus latidos. 
Entonces, le miró a los ojos.
"¿Qué piensas?", repitió, o eso creyó oír. Porque momentos después la voz empezó a ahogarse. El cuerpo volvió a deshilacharse, enterrándose de nuevo en el laberinto del jardín.