~
viernes, 31 de enero de 2014
A título informativo.
domingo, 26 de enero de 2014
Cuándo se es feliz.
Una persona es feliz cuando acepta sus miedos. Cuando reconoce que todo aquello que teme, puede acecharle en cualquier momento. Cuando no oculta, si no que otorga todo de su ser. Deja sus problemas a la vista, para así ahorrar que nadie que no tenga el valor suficiente pueda indagar en sus pensamientos, sentimientos, corazón.
Una persona es feliz, cuando sabe que es mucho más de lo que el ojo ve.
lunes, 20 de enero de 2014
Fin del cuento.
A día de hoy, todo ha cambiado. Ni tú estás, ni yo estoy para ti. Se conoce que algo dentro de mi se ha cansado de esperar a un tren que ya no está, o directamente, que nunca vino. Hice lo hecho y por hacer por mantener viva algún ascua, pero no, no dio resultado. Y francamente, ya ni siquiera me importa. Ni siquiera queda un atisbo de lo mucho que quise, y lo poco que obtuve. Ni siquiera voy a recordar cómo sentirme especial. Porque ya, no importa.
Tal vez nunca importó, y eso tampoco importa. Voy a dejar cerradas todas las puertas, para que nadie vuelva a entrar, ni yo vuelva a salir. Porque he comprendido que mi cárcel no es un sitio tan malo. Me protege de mis temores y peligros. Así que pienso quedarme aquí, detrás de mi escudo, para que nadie más pueda herirme. Para que nadie más pueda ilusionarme. Para que nadie más vuelva a irse. Y voy a crear un laberinto, para que nadie pueda acceder a mi castillo y atravesar sus muros. Porque al fin y al cabo, no importa. Nada importa.
miércoles, 15 de enero de 2014
Mi cárcel.
Me encuentro en una habitación de un oscuro tono azul. Me asusta. Me hallo encadenada a los recuerdos, me limito a intentar no pensar. Las cadenas empiezan a dejar marcas en manos y pies, de todas las veces que intenté escapar. Hace tiempo que no mantengo una conversación, apenas sé si conservo la capacidad de hablar. Apenas recuerdo el color de las cosas, el tacto suave de tu voz en mi oído, las sensaciones que causaba en mí tu sonrisa.
En harapos, como el corazón de una antigua muñeca de tela. Mis cabellos, rojos como la flama, ahora hacen espejo de lo que mi alma deja ver. Desatendidos, espantados. Mi piel dura como la roca, deja una coraza entre el mundo externo y mi ser. Aún no entiendo por qué estoy aquí.
Pero estos muros dejan pasar la luz por una ventana. Ésta, me acaricia los días de sol, hace coros a mis lágrimas cuando llueve, y grito con ella cuando hace viento. Por la noche, me asusta. Estoy segura aquí dentro. Pero los días que se ve la luna, hacen que ansíe volver a ver el cielo.
Nunca quise más que ver la llave que me ata a estas paredes. Nunca pedí más..