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"The best things in life, come with a price."

domingo, 30 de noviembre de 2014

Manos frías.

Tengo las manos frías. Frías, porque echan de menos el calor que desprendían tus mejillas. Porque quieren recorrer tu fría espalda, y subir lentamente hasta acariciar los rayos del sol, que desprenden un calor agradable al tacto, a la ilusión.

Tengo las manos frías. Ni te imaginas las ganas de que las tuyas vuelvan a entrelazar las mías. Que el fuego de tus ojos queme mi pelo carbón, que tus palabras, de nuevo, me dejen sin respiración. Yo pensaba que sería fácil de desprenderme de este último beso, o recuerdo, o adiós.. Pero no.

Cada vez mis manos están más frías. Contaba con que el ardiente alcohol y las vendas curasen mis heridas. Pero esto sigue siendo así todos los días, y créeme si te digo que cada vez se hace más duro verte a través de las cortinas. Haciendo como si la vida no hiciese de las suyas en las mías. Viendo cada error, cada paso..

En resumen, que tengo las manos frías, y sólo quieren calentarse si eres tú quien las aviva.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Carta a un amor desconocido.

Recuerdo sus palabras.
Y sus actos.
Cosía su sonrisa con la punzante aguja del llanto.
Llanto que derramaba sobre la tierra que labras.

Amábamos las cosas macabras.
Y las risas.
Recuendo cuando su melena era azotada por la brisa.
Haciendo pozos en mi alma de paja.

Vivía encerrado en una caja.
Hacía como que se escondía.
Su rostro era reflejo de su alma sombría.
Mientras su corazón se resquebraja.

Como cartas de baraja,
sin orden ni concierto.
Mas siempre supe que era cierto,
que bajo su seco desierto había tinajas.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Pesadillas.

Y de versos.
Y de besos.
Y de cosas esquivas.
De tu frenética mirada
chocando con la mía,
quién diría.
Y de un "no me conoces"
a un par de versos cada noche,
donde te veo,
desde la ventanilla de mi coche.

Mientras llueve, el alma pesa
o besa
o trepa
Por cada uno de tus miedos
Y te abraza mientras sueñas.
Y mientras, yo aquí, soñando contigo mientras sueñas con ella. O ellas.
O quién sabe qué es lo que sueñas.

O sueñas que olvidas,
que se curan tus heridas,
que sí,
que ahora también son mías.
Porque desde que te miré a los ojos,
no tengo más que pesadillas.

De misterios impregnados de tu olor
de tu sabor
de tu color
que suenan como el timbre de tu voz,
pero sin su calor.

martes, 18 de noviembre de 2014

Borrador de metro.

Ahí está ella. Esperando, con su sonrisa apagada en la misma estación de siempre, en la estación del Mundo, por si pasa ese tren que se lleva sus penas, sus desilusiones, sus cicatrices. Pero por más que espera, las horas pasan y todo sigue igual, sigue ahí, en la misma posición de siempre. Entonces coge su mochila, y se decide a caminar por las vías, a intentar encontrar la salida, mientras escucha esa canción tan bonita de fondo. Y los pasos pesan, pero no hay peso que pese lo suficiente como para abatir su alma. No va a irse, pero tampoco piensa regresar. Tal vez merodee por allí esperando por un rayo entre las sombras, por que el maquinista pregunte de nuevo por los pasajeros, para subir a ese tren e irse lejos.

martes, 4 de noviembre de 2014

Agua.

Imagine una bonita pecera. Muy bien decorada, toda repleta de piedrecitas de colores, un buzo que hace burbujas, un barquito.. Sí, precioso. 
Pero imagine entonces un solo pez. Un solo pez que nada y da vueltas, que cada tres segundos perdiese lo que más puede apreciar un pez: su memoria. Y que por ende, se volviese cada vez más loco. Imagine también que el agua de esta pecera no se cambiase nunca. Que simplemente se pudriese, sin más. Y añádale al pez una cualidad: la inmortalidad. ¿Qué pasaría entonces?
Ese pez llegaría un punto en el que viviese intoxicado, ciego en la oscuridad de sus aguas. Que tal vez su impulso le hiciese querer escapar, pero claro, su memoria no dura lo suficiente, no se lo permite. No podría más que vivir, y vivir con su sufrimiento, día tras día, sin poder recordar nada cada tres segundos, perdido.

Pero, ahora, váyase lejos, muy lejos de esa pecera. Tan lejos como para mirar al horizonte y no poder verla, ni poder regresar a donde quiera que estuviese esta dichosa pecera, pero recordando que ese pez está sufriendo y pudriéndose en su agujero. Antes este pez era insignificante, pero ahora...¿Nota cómo empieza a importarle ese pez? ¿No le gustaría a usted ser quien le liberase de su ceguera, de su mal estado, y hacerle regresar a cuando teníamos esa preciosa pecerita, repleta de cosas bonitas? ¿No le gustaría a usted ser quien le liberase de su prisión?  ¿No le gustaría a usted salvarlo? Pues bien, eso es porque ahora el pez forma parte de usted. De sus pensamientos. Ha empatizado con su situación, no quiere ver sufrir a un ser inocente, por más insignificante que pudiese parecer su pérdida. Ese pez ahora es su pez.