Me encontré con esa arpía
Vagando entre mis sueños
Y escapándose entre mis dedos
Y la ví escurrirse
Como el agua del barreño
Que hoy utilizo para limpiar las marcas de los zapatos que dejó en mi suelo.
Y entre todos los bocetos ha aparecido uno
Que tiene su rostro
Ensangrentado y dolorido
Que ya no sé donde está
porque lo he perdido
O quemado.
Maldita sea esa fulana
Con sus andares salvajes
Y su mirada arrolladora
Y sus maneras de súcubo.
Porque esta pretende ser la última vez que escriba a esa de los labios de miel y dientes de sable.
Pero las otras veinte también fueron las últimas.