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"The best things in life, come with a price."

domingo, 29 de marzo de 2015

Fénix.

Se acaba, y no puedes más que ver cómo se aleja. Se aleja caminando entre sendas de recuerdos que hoy hieren como el filo de una espada. Se aleja y mata. 

Tal vez no supe cubrirme bien del ataque. Pero creo que fui buena luchadora. Creo que di todo de mi en cada batalla, aunque ahora la batalla esté perdida, y yo tendida en el suelo, sangrando. 


Mientras mi cuerpo se abre en canal con cada lágrima, recuerdo las primeras gotas de esta lluvia, que jamás fueron de dolor.  Pero siempre habrá un momento donde después de haber estado todo en orden, las ruinas vuelvan a desprenderse, dejando caer escombros. 

Como todo, esto tenía que acabar, pero nunca quise que acabases tan lejos. 

Supongo que ahora toca resurgir de las cenizas de nuevo. Volver a empezar de cero. 

domingo, 8 de marzo de 2015

Polvo.

Caen hojas quemadas del cielo. Paseo entre ceniza, mustia, dejando un rastro con mi polvorienta existencia entre el desastre que ya ha sido creado, el que jamás podrá ser destruido. Por el contrario, mis pasos hacen brotar la hierba, pero por alguna extraña razón, expresamente hoy no sé por qué no logra crecer fuerte y sana, si no seca, desnutrida, y me mira alentando la marca de su dolor. Me mira, me rasga, me araña y me parte en dos, incapaz de doblarme, con la fuerza para arrancar cada lágrima de mis ojos, cada gota de sangre de mis heridas. El cielo llueve ceniza. Y cae a mis pies. Y sólo miro, cabizbaja, ansiando que en alguna parte de este ardiente y gris desierto se halle mi oasis, preparado para recibir mis lágrimas y dejar que me funda en lo más profundo de sus (tal vez imaginarias) aguas. Mis lágrimas son rojas. Y caen a mares sobre este lugar. Voy descalza sobre el polvo, que amenaza con hundir mis pies para siempre en un punto y hacerme incapaz de andar.

Y entonces despierto. Y son las seis de la mañana. Y sigo embriagada, observando como la habitación da vueltas y mi estómago reclama alimento. Y sigues sin amanecer bajo las palmas de mis manos.

domingo, 1 de marzo de 2015

Entre la espalda y la pared.

Hay un hueco.
Un hueco que sería capaz de llenar, mientras acorralas mi mente, mis sentidos, mi existencia. 
Mientras tus labios, dulces, chocan con los míos. 
Mientras tu risa se vuelve la mejor canción jamás escuchada, la mejor fotografía jamás tomada. 
Mientras apartas mi mano porque siempre se me olvida que tienes cosquillas. 
Mientras me muerdes la cara, con cuidado, por si luego me dejas marca.
 Mientras salen cardenales en mi piel con la forma de tu mandíbula. 
Mientras me abrazas tan fuerte que serías capaz de romperme en pedazos. 
Mientras despegas mis pies del suelo y me levantas en brazos para dejar que pueda volver a besarte de nuevo. 
Mientras me das la mano.
Mientras te ríes de los ruidos que hago.
Mientras tu mirada se ilumina mientras tu voz llena el espacio en que nos encontramos.

Entre la espalda y la pared hay un hueco. Y creeme, que quiero llenarlo.