Y de versos.
Y de besos.
Y de cosas esquivas.
De tu frenética mirada
chocando con la mía,
quién diría.
Y de un "no me conoces"
a un par de versos cada noche,
donde te veo,
desde la ventanilla de mi coche.
Mientras llueve, el alma pesa
o besa
o trepa
Por cada uno de tus miedos
Y te abraza mientras sueñas.
Y mientras, yo aquí, soñando contigo mientras sueñas con ella. O ellas.
O quién sabe qué es lo que sueñas.
O sueñas que olvidas,
que se curan tus heridas,
que sí,
que ahora también son mías.
Porque desde que te miré a los ojos,
no tengo más que pesadillas.
De misterios impregnados de tu olor
de tu sabor
de tu color
que suenan como el timbre de tu voz,
pero sin su calor.