Pero era una puta.
Era bella, el semblante de un ángel ante el rostro del peor de los pecadores.
Pero era una puta.
Su voz no podía dejarte indiferente. Te teletransportaba a tu más tierna infancia.
Pero era una puta.
Te daba calor mientras yacía contigo, mientras te dejabas caer entre sus brazos.
Pero era una puta.
Tenía los labios más dulces que pudieras probar, ni la mejor repostera podría crear un sabor igual.
Pero era una puta.
Y ojalá y se clavase los mismos clavos que me clavé yo cuando se fue,
porque era una puta.
Y ojalá ardiese tan rápido como todas las cartas que le escribí,
por puta.
Y ojalá se acuerde de mi,
la muy puta.
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