Sí, tengo mis puntos egoístas. He de admitir que me gustaría que fuera conmigo con quien gastaras tu tiempo, y ganarme tus besos, y sentir tus abrazos. Pero, ¿quién puede culparme de querer obtener lo que quiero? ¿Quién puede culparme de querer ser felíz a tu lado? ¿quién puede obligarme a dejarte ir sin luchar?
Y de ahí mi miedo. Miedo a perderte, a no tenerte cerca, o tenerte pero no lo suficiente. A que olvides esa magia, de una mañana bajo las enredadeas, sentados en un banco, después de un abrazo. Siempre tuve miedo, pero no tanto en tan poco tiempo. Y sigo con el miedo a que no me eches de menos, a que pierdas las ganas de besarme. A que no me necesites. Miedo a tener miedo cada noche y no encontrarte junto a mí. Es ese miedo, por eso es tan complicado.
Por ese 10 de Noviembre, el día en que volví a vivir. Por eso, y por tí.
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