Tengo la sensación incesante
de que te estás confundiendo,
de que vives engatusado
con las palabras de una boca deshecha.
Pero no, que no te engañen.
Que aún a día de hoy eres tan mío como mis ojos
y tan tuyo como tus mentiras.
Tan mío como las ganas
de confinarte en el abismo,
tan tuyo como emerger
cuando ya te creí hundido.
Tan mío como tus labios caprichosos,
musitándome al oído relatos para no dormir.
Tan tuyo como mis latidos,
raudos al sonido de tu nombre.
Aún a día de hoy
eres tan mío
y tan tuyo
como la ausencia.
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