Hoy me he despertado, de nuevo, tras mil vueltas en la cama. Sin sacar nada en claro, más que todo ha acabado. Ahora no sé siquiera como sentirme. Ahora, sencillamente, no sé estar. No tengo ganas.
¿En qué momento, decías, que el mar te simbolizaba tranquilidad y ánimo? Ahora, este ha dejado destrozos a su paso, pero ya no hay nada que hacer.
Se confirma que no hay excepciones de la regla. Que realmente no hay nadie que pueda ayudarte a arreglar tu desastre, ni siquiera lo más mínimo. Cuando lo ven, todos huyen, y se esconden de él, cuando "conmigo eso no pasará..". No hay excepciones. El desastre es el desastre, el mar es el mar. Lo único que tienen en común es el aura de muerte que ahora desprenden, y lo apacibles que resultan a veces.
Ahora, en estado de devastación, no hallo palabras para hacerme sentir bien. Por que no las hay. Ahora sólo está ese hueco vacío en el pecho, en el que nada cabe, sólo sangra. Y todas las heridas vuelven a abrirse. Y vuelves a sangrar.
Ojalá mi sangre acabe en el mar.
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