Le dolían hasta las yemas de los dedos. Cada parte de su cuerpo era un rompecabezas sin solución. Estaba perdida en su desastre, y cada vez se daba más cuenta.
- ¿Qué nos ha pasado, Jack? ¿Por qué todo se está volviendo tan confuso?
Él no supo responder. Sabía que la quería. Sabía que Sally era la única persona a la que se vería capaz de amar, aún cuando ella no entendía nada. Sus actos cada vez se volvían más solubles con su desastre. Pero ahí estaba, enfrente de ella, y no podía ocultarle lo que sentía.
La miraba, con esos ojos de niño que hace tiempo perdió. La miraba como si fuese lo único que le daba el aliento. El estar parado enfrente de ella, ya le parecía un sueño. Pero un sueño que estaba poco a poco desgastándose, y volviendo a convertirse en una de sus famosas pesadillas.
- ¿Y bien? - decía Sally, con la voz temblorosa y cada parte de su cuerpo temblando. Necesitaba a Jack. Él era quien le hacía sentir que estaba viva, a pesar de todos estos años, de todo este tiempo, de todo este desastre. No sabía si aguantaría una respuesta. Lo único que sabía era que estaba enfrente de Jack y sólo quería que acabase este momento de incertidumbre, para volver a estar junto a él tranquilamente paseando. No quería más que estar con él, y sin embargo, dudaba si volvería a repetirse alguna vez ese momento.
Entonces la besó. Y ambos supieron que sus miedos estaban carcomiendo cada parte de sus pensamientos, y que no daban lugar al surgir. Y que ambos lo necesitaban, se necesitaban. Estaban juntos en esto. Y entonces algo entre ellos cambió. Sus desastres se habían unido. Ya no había vuelta atrás.
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