Dícese que había
por la noche un dragón.
Dícese acompañado
de un peligroso ratón.
Que por la noche aullaba,
desesperado, buscando el Sol,
como buscaba la almohada
el dulce y somnoliento dragón.
Mientras la gente pregunta,
"¿cómo no se lo comió?"
La explicación era muy simple:
llamábase amor.
Y mientras el roedor,
ansiaba un rayo de luz,
cuando el dragón al alba
hallaba clavada su cruz.
Y esta, señores, fue la historia
de un humilde dragón,
que por más que aclamaba,
nunca halló perdón de amor.
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